miércoles, 15 de marzo de 2017

Arte y escritura

   Las enseñanzas de Henry George Fisher, el egiptólogo del Metropolitan de Nueva York, mostraron la conjunción que se da en el arte egipcio entre el significado de la obra y el jeroglífico que representa. Sus libros y artículos no son fáciles de encontrar.
   Pero, afortunadamente Richard Wilkinson escribió en los años 90 un manual ilustrado para ayudar a comprender en profundidad todas las implicaciones semióticas que el artista egipcio ilustraba con cada una de sus obras de arte. Incluso recordemos que a menudo en los grabados y pinturas son los mismos jeroglíficos los que constituyen la obra de arte escrita-representada, con los determinantes de las palabras realizados a gran escala y con delicioso naturalismo.
   Es lo que pasa cuando utilizas dibujitos para escribir tu lengua.



La edición española





   Este manual resulta acertadísimo en sus explicaciones e ilustraciones gráficas, tanto que es prácticamente un manual imprescindible para todo estudioso de la egiptología. Completamente recomendable. Especialmente como vademécum para visitar una exposición de arte egipcio.
   Lo que no resulta tan acertado es la transliteración que da de los sonidos de los signos jeroglíficos en el ángulo superior derecho. El criterio del autor no fue el de seguir la tradición académica de transliteración, sino facilitar una lectura lo más auténtica posible para los lectores desconocedores de la lengua egipcia y su fonética. La edición española seguramente provoca más alejamiento de la manera habitual de transcribir los sonidos. Esta cuestión creo que sólo tiene una importancia secundaria. Solamente es necesario tener en mente que la lectura que propone el libro no es la misma que la usual en las gramáticas.
   Lo que de verdad sí importa y hace tan valioso este libro es el contenido de las explicaciones y sus fascinantes ejemplos.
   Ha seleccionado 100 jeroglíficos, que aparecen en el orden de la lista de Gardiner, presentados en dos páginas, con la ilustración iconográfica en las artes, la decoración, los papiros etc... y la explicación de los diferentes sentidos del signo. De tal modo que paulatinamente la lectura de este libro va acercándonos a la mentalidad con que el artista veía el mundo, con datos que nos serán aclaratorios además en otros campos que no se limiten quizás al arte: los rituales, la mitología, el uso de los objetos en la vida cotidiana... Se encuentra el lector transformado, al haber sido capaz de captar esa indescriptible poesía que resulta de atribuir a animales unos significados espirituales de fuerzas o conceptos invisibles. De tal modo que las cigüeñas que vuelan sobre nosotros aquí en Extremadura parecen evocar el akh del bienaventurado; ver volar los buitres del Parque de Monfragüe se convierte en el espectáculo de ver materializada a la diosa Madre, con sus alas protectoras; observar renacuajos coleteando en un charco se transforma en una visión de la eternidad, repetida múltiples veces...
   ¡Verdad que es lástima que haya gente que se pierda esto! Son los sutiles placeres intelectuales que reporta estudiar egipcio jeroglífico, conectando la Metafísica con la Naturaleza...

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